martes, 18 de octubre de 2011

Las viejas - nuevas revoluciones: El 15O

Fuente: http://elPellizco.blogspot.com


“Como señuelo, sin embargo, no hay nada comparable a lo que se ha inventado hace varios años con el nombre de democracia. Esta palabra, que en la lengua moderna no implica ninguna forma de gobierno concreto ni ningún principio determinado, tiene la ventaja de prometer, con hábiles sobreentendidos, a las masas que hacen las revoluciones, poder, crédito, dinero y placeres. Evidentemente es un cebo que no tiene parangón.” M. Joly, El Arte de Medrar

La pasión que agita las revoluciones es la envidia. Entre los revolucionarios, la mayoría ha visto lo que puede tener y no tendrá jamás, también están los que han acariciado el engaño como un ideal de futuro y quieren cobrar venganza. La revolución es la oportunidad de exigir para sí mismo, en nombre de los demás, sin que nadie repare en los fines egoístas de la multitudinaria asamblea. El encuentro entre un fofo librepensador y un “hombre de otro planeta”, léase un mil billonario, produce un suspirado y demoledor comentario, audible apenas por la docilidad del invitado, “fue un almuerzo bonito…”.

Hace unos días murió un sujeto capaz de vender millones de aparatos que sólo un tercio de la población mundial puede comprar. Sin embargo, es un héroe tecnológico, un visionario de nuestra era, opuesto a Da Vinci pero un genio (¿Qué quiere decir eso?). El resto del planeta lucha por un plato de comida, agua o tan sólo un poco de respeto. Es imposible empaquetar estos bienes en una elegante placa de microchips con energía suficiente para que durante unas cuantas horas nos acompañen a todas partes como “los bienes intangibles que todo ser humano necesita tener a su alcance”: los 1000 amigos más cercanos del feisbú, las 3000 canciones para las 101 posturas del kamasutra y el acceso a un portal de regalitos y comida a domicilio.

Los revolucionarios que ahora lo tienen todo proclaman que algo les falta…es aquel lugar que les prometió el orden económico mundial: primero te crees que todo es escaso y muy costoso, después que debes competir educadamente por ello y con el tiempo te das cuenta que la abundancia está detrás de la puerta de un cómodo despacho al que accedes con ciertas medidas de seguridad para quitar el polvo de las fotos familiares del propietario y ganar unos céntimos por la molestia. Hay otras formas de participar de la abundancia, por ejemplo el hipermercado global de la guerra, el contrabando de seres humanos en cualquier estado aprovechable para un laboratorio o para algún misterioso apetito.



También están la milenaria industria religiosa, el robo de tierras, la venta de agua embotellada, Pixar, los retrovirales, los psicoactivos y psicotrópicos, los DJs, las manadas de informadores que corren detrás de los revolucionarios o del culpable objeto de sus ideales. Las cátedras del giro postcolonial viven de la esperanza en un orden mundial invertido. Aquella revolución de los pobres y desposeídos que en los márgenes de la metrópoli piden “papeles, papeles, papeles”. Suponen que la explotada inmigración puede darle la vuelta al saqueo colonial de África y América para mirar el mundo desde el sur del norte como el único norte. En esta inversión se echa de menos el objetivo de los inmigrantes que buscan escapar, a toda costa, de una patria corrupta sin reglas, sin futuro. La revolución es necesaria para que todo siga como está.

Para que unos acampados -frente a WS o en la plaza X- les muestren a los apáticos o a los muertos de hambre que deambulan por su íntimo valle de lágrimas que todo es inútil, mientras se hurgan las narices y piensan en el próximo tweett que pondrán en la asamblea virtual. Obama es un espejismo, la UE es un club privado, China un mastodonte que pisotea a su pueblo con la ayuda de los consumidores occidentales y que llegará a ser el prestamista global con mayúscula. Toda buena crisis mundial necesita de una buena revolución mundial y aquí estamos nosotros para hacerla…siempre tan dispuestos. ¿Será esta vez o hay que esperar a la próxima crisis? ¿Si sucede en realidad alguien se dará cuenta? Nuestro fofo librepensador seguirá creyendo que los seres de “otros mundos mil billonarios” viven en un paraíso sin humos en el que los puros se fuman al revés por el orto y hay ríos de coñac que les acarician las pelotillas.

¿Resistimos? dice la consigna o ¡Disentimos! Señalaremos a los plusválicos que especulan con los candidez ajena y alquilan el tiempo digital por un kilo de palabrería.

DICEN QUE OCTUBRE ES UN BUEN MES PARA REVOLUCIONARSE!

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